
Contaban ayer los periódicos que los integrantes del Comité Político expresaron a unanimidad su regocijo por las declaraciones que ofreció Monica Moura, esposa y socia del publicista Joao Santana, en las que afirma que la constructora Odebrecht, ni ninguna otra empresa brasileña, financió campañas electorales en la Republica Dominicana, que de inmediato la propaganda oficialista convirtió en un certificado de descargo en favor del presidente Danilo Medina. Pero tanto el gobierno como los miembros del máximo organismo de dirección peledeísta podrían estar celebrando la victoria de un juego que apenas va por el primer inning, para decirlo en el lenguaje del beisbol que aquí entiende todo el mundo. El exceso de entusiasmo se comprende, sobre todo cuando se piensa que el “factor Odebrecht” podría representar el principio del fin de la “era peledeísta”, palabras mayores para quienes han visto cambiar drásticamente su modus vivendi desde que administran el Presupuesto Nacional. Eso explica también que se agarren hasta de un clavo ardiente si creen que los salvará del naufragio, cuando la realidad es que el testimonio de la señora Moura carece de la credibilidad necesaria para que en el Palacio Nacional puedan sentirse a salvo de las consecuencias, que no son solo de carácter penal, de las dolosas operaciones de la constructora brasileña. ¿Por qué deberíamos creerle a una confesa delincuente que, para colmo de males, niega ahora lo que afirmó en otros interrogatorios ante las autoridades brasileñas? Tan necesitado está el gobierno de despejar el camino hacia el 2020 que ha recibido ese testimonio como una bendición, pero no puede pretender que también sirva para librarlo de culpas ante una opinión pública que ya sacó sus propias conclusiones del manejo sesgado y poco transparente, contrario a lo que ocurre en otros países, que le ha dado al escándalo de corrupción que nos dejó en herencia la mentada Odebrecht.
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