¿Un miserable o cristiano auténtico?

¿Un miserable o cristiano auténtico?

ES SEGURO QUE CERCA DE NOSOTROS HAY PERSONAS NECESITANDO RECIBIR LA BUENA NOTICIA DE QUE EL SEÑOR ESTÁ VIVO Y TIENE INTERÉS POR ÉL, AL IGUAL QUE LO TIENE POR NOSOTROS.

¿Recuerda usted quién fue la persona que lo enseñó a santiguarse, es decir, a hacer la señal de la cruz?

Dudo que lo recuerde. Pero estoy seguro de que alguien, cuando usted era muy pequeño, le cogió su mano derecha, y llevándosela a la frente, le dijo: “en el nombre del Padre...” y luego se la llevó al pecho y le dijo: “y del Hijo...”, y finalmente llevando su mano a su hombro izquierdo y luego al derecho, terminó: “y del Espíritu Santo”.

Esa persona, en ese momento, estaba iniciándolo a usted en el conocimiento de la Buena Noticia. Ella fue su primer apóstol. Su apóstol particular.

Y, quien quiera que fuera, no lo hizo por lucirse con usted, ni para que usted le pagara ese favor con algo. En cambio, lo hizo por amor a usted.

Y no lo hizo con dureza, lo hizo con delicadeza. Porque quien actúa por amor, hace las cosas con ternura.

En el evangelio de este domingo (Mateo 28,16-20) aparecen estas palabras:  “Vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos”.

Quizás a usted le parezca que estas palabras no van dirigidas a usted y a mí. Parecen más bien estar dirigidas a personas especialmente dedicadas a eso.

Es seguro que cerca de nosotros hay personas necesitando recibir la Buena Noticia de que el Señor está vivo y tiene interés por él, al igual que lo que tiene por nosotros.

 Y no hay que saber teología ni convertirse en predicador para transmitir esa Buena Noticia. Puede una persona saber y hablar mucho, y no servir para nada.

En cambio, actuando con amor y por amor daremos, sin palabras, la Buena Noticia con suavidad y ternura, y eso será lo único que ayudará a otro, lo único eficaz.

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