
Elpoderbanilejo.com por: Glendy Marte, Baní.- Durante años, la relación comercial con China parecía sencilla: la República Dominicana importaba miles de millones de dólares en mercancías, mientras comerciantes, ferreteros, distribuidores e industrias dominicanas las colocaban en el mercado nacional. El producto era chino, pero la actividad económica que generaba —empleos, impuestos, transporte, almacenamiento y ventas— permanecía parcialmente en manos dominicanas.
Ese modelo está cambiando aceleradamente. Capitales chinos ya no se limitan a fabricar y exportar. Ahora procuran controlar toda la cadena: producen en China, importan directamente, distribuyen en el país y venden al consumidor final mediante establecimientos administrados por ciudadanos chinos. El empresario dominicano, que antes participaba en alguno de esos eslabones, corre el riesgo de convertirse en espectador dentro de su propio mercado.
No estamos ante una competencia convencional entre dos comerciantes. El empresario local compra a intermediarios, paga financiamiento a tasas dominicanas y cumple con salarios, prestaciones laborales, seguridad social, impuestos y demás obligaciones nacionales. Su competidor puede pertenecer a una estructura integrada que controla desde la fábrica de origen hasta la tienda donde se vende el producto.
Fuente: Diario Libre
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