
Elpoderbanilejo.com A medida que avanza la cuenta atrás para el anunciado cambio en la política de inmigración de Estados Unidos y a la espera de una oleada de migrantes en la frontera sur, los que ya aguardan para ingresar desde México están cada vez más desesperados.
Bajo un sol implacable, cientos de personas se encuentran en un páramo seco y polvoriento. Esperan.
Hambrientos y sedientos, exhaustos y asustados, todos se han reunido junto a la enorme valla fronteriza de acero que los separa de Estados Unidos. A través de ella pueden ver el lugar por el que han sacrificado tanto para tratar de alcanzarlo.
Pero nadie sabe si se les permitirá cruzar esa frontera.
Rosario Medina dice que para encontrar comida para sus nietos ha estado hurgando en los basureros e incluso recolectando agua para los biberones en el contaminado río Bravo.
No es de extrañar que las lágrimas corran por su rostro cuando describe cómo trató de sobrevivir aquí durante los últimos ocho días, mientras los labios de los niños se llenan de ampollas por el sol.
Para encontrarme con estas personas, primero tuve que cruzar ese río apestoso y luego arrastrarme por la tierra a través de un pequeño hueco en la cerca de alambre de púas.
Fuente: El Dia
